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Polémica

Lizano, galeote de la nave literaria.

Lizano, galeote de la nave literaria.

Miguel Íñiguez

De apariencia y de esencia. Así podríamos calificar a los escritores. Lizano campa entre los segundos. Jesús Lizano es un poeta, un poeta por naturaleza y por destino. Conviene decirlo porque de otro modo las sumas serían restas. Algunos lo emplazarían en el territorio de los poetas de combate, redivivo León Felipe, renacido Rafael Alberti. No negaré que parcialmente sea así, pero si quebramos la corteza de las palabras lo intuyo más próximo a Hölderlin: la función del poeta es transmitir a la gente las profundidades de la naturaleza, porque el poeta es la persona de extremada sensiblidad capaz de sentir los latidos de aquélla, encargado de comunicar  a la colectividad lo profundo de la naturaleza. La función del poeta consistiría en convertir los oscuros signos de la naturaleza en palabras comprensibles, en enhebrar Humanidad y Naturaleza, más que Sociedad y Humanidad. Mi impresión es que cuando Lizano escribe que lo importante no es el poeta sino su obra, que la obra lo ha escogido, que es mero recipiente, que es muy inferior a su obra, que es un servidor de la poesía, se sitúa en esa línea y por lo mismo adquiere un sentido épico notabilísimo. Un épico romántico. Léanse sus obras completas compendiadas con el nombre de Lizania y la reciente Antología publicada en Virus.

Consecuentemente para muchos es un desconocido y los catálogos de escritores e historias de la poesía contemporánea, lo marginan, cuando no lo silencian radicalmente. Y sin embargo, con seguridad, ningún poeta contemporáneo ha contado con auditorios más numerosos y entregados. Con seguridad ningún poeta ha sido tan escuchado, casi religiosamente, a pie de calle. Qué poeta puede presumir de haber protagonizado centenares de recitales y lecturas arropado por docenas y docenas de estudiantes, obreros, intelectuales, niños y amas de casas, gentes de escoba y doctorados rugiendo de entusiasmo. Por qué, entonces, este olvido, si a todos agrada y apasiona.

Lizano se ha equivocado de bandería. No se ubica en las filas del poder literario, no se ubica en las muy filas prietas del socialismo, no comulga con nacionalistas, siendo catalán escribe en castellano, siendo anarquista no es politico, vive solo, no se encuadra en camarillas, no se cuadra ante nadie.  Demasiadas dificultades para finales de himeneo y epitalamio. Demasiado deslizarse sobre el alambre para cosa buena, que diría un castizo resabiado.

Burda injusticia en estos mundos de televisión y espectáculos masivos, en los que casi cualquier semianalfabeto ladra con aquiescencia de los jefes, que Lizano no haya contado con un programa de televisión o de radio en el que embutir la poesía en los sentimientos y mentes populares. Burda injusticia, pero por lo escrito arriba, lógica, natural, inevitable.

Como me agrada lo que escribí en la Enciclopedia Histórica del Anarquismo Español transcribo casi literalmente: Poeta de tres cuerpos con una obra centrada métricamente en dos centenares de sonetos (con reiteración formidables) y una extensa producción versolibrista de calidad frecuentemente muy elevada en la que es posible sentir a Lucrecio, León Felipe, Cernuda, Aleixandre, Neruda y otros muchos poetas (en ocasiones con un deje irónico), con ecos explícitos de Cervantes e implícitos de Quevedo, con un léxico inhabitual y una temática en la que se conjugan la soledad, la solidaridad, la ausencia, la esencia del ser y de la muerte, el existencialismo, referencias continuas a sí mismo (con frecuencia símbolo de la sociedad), la rebeldía, la indagación de lo poético y del poeta.

Ya cuajada su obra poética, Lizano ha querido teorizar sobre su poesía y exponer su interpretación anarquista de la misma, y hasta elaborar una teoría del anarquismo. Lizano ultima su ruta de la plata. Lizano nos ha referido más de una vez su trayectoria ideológica: arrancando de la religión heredada, transita por el existencialismo ambiental, se topa con el materialismo humanista marxista y desemboca en el individualismo libertario solidario como fin de su proceso vital. Su anarquismo no es de juventud, sino de madurez. Llega a él tras haber deambulado por predios muy variados. No es tampoco un anarquismo de obrero hambriento, de joven destructor sin causa. Ni siquiera de secta, partido o sindicato. Ni siquiera de intelectual. Un anarquismo peculiar. Si, por ejemplo, Barret escribía que anarquista es aquel que cree que se puede vivir sin el principio de autoridad, Lizano nos habla de un anarquismo de iguales y solidarios en el que los conceptos de dominados y dominadores no existan. Lizano no rechaza una cualidad, afirma dos: Libertad y Solidaridad. Un anarquismo de presencia, no de ausencia.

Con el transcurso de los años su concepto del anarquismo se ha ido depurando. Hace no  mucho tiempo nos hablaba de “misticismo libertario”, entendido como el tránsito  del mundo real político al mundo real poético. Nos decía que ese mundo real poético era la Anarquía. El Estado aspiraba a lo político y a lo unitario, la Anarquía a lo poético y diverso, de donde la incesante lucha entre ambos. Heracliteano combate. Debería desarrollarlo el anarquismo en un doble espacio: el externo (ir venciendo el mundo real político) y el interno (ir desarrollando nuestra mente, nuestra consciencia, nuestra identidad).

Más recientemente se olvida de la expresión “misticismo libertario” y emplea la de “humanismo libertario”. Aquí olvidar vale por acertar, entre otras razones por lo que significa de ruptura total con los resabios de las viejas herencias. El triunfo anarquista supondría alcanzar lo que Lizano llama «compañeros socialmente y únicos individualmente», el advenimiento del humanismo libertario. No sé si Lizano convendrá conmigo, pero ese humanismo de nuevo cuño hace compatibles a Stirner y Ktropotkin, síntesis difícil, problemática y hasta ahora no bien formulada ni emsamblada.

Su teórica la ha expuesto principalmente en Cartas al poder literario. En 1981 Lizano escribe su primera carta abierta, en mayo del 2002 la undécima. Siguieron otras, matizando o depurando lo ya expuesto. En estas cartas nos topamos con un Lizano polivalente. El Lizano, dolido, justamente, por su marginación. Protestas contra su marginación literaria y contra una cultura que reverencia al Poder, que es Poder y que consecuentemente no es cultura. Su entrada con pico y pala en el mundo libertario y su defensa de un “anarquismo cándido”, otra forja expresiva afortunada. Apunta en 1983 “Se vive un submundo cultural en todos los ámbitos, un afán pragmático y racionalista se impone como siempre al sentido creativo y libertario común” ¿es casual que las firme como Colectivo Lizano?

Otro hallazgo (al que también siento enlazado a lo romántico): esa contraposición entre el Mundo Real Político y el Mundo Real Poético. No es nuevo oponer realidad política a realidad social, ni enfrentar poesía y realidad a secas, pero sí la delicadeza con que Lizano engarza ambos conceptos. Asombra no poco por lo elegantemente matizado. La undécima carta, mayo del 2002, centrada en el Mundo Real Político, subraya que sus cartas no sólo son una protesta de su marginación sino también de los males que acarrea que la cultura esté en manos del Poder. Lizano es la mano que echa un pulso al puño del poder para arrebatarle su rebenque. El Lizano, censor agudo de la dictadura impuesta por unos críticos vendidos al poder que, sin embargo, alardean de independencia y objetividad (léase la crítica canalla salida en El País, un periódico que se fabrica un inexistente “anarquismo blanco”, al ocuparse de anarquistas cuyos descendientes genéticos pastan hoy en terrenos más templados, colindantes con los intereses de ese medio de comunicación, terrenos más baldíos y deshonestos que los de sus predecesores).

En 1991 habla por vez primera de sus “lecturas poéticas”. Hay que haber asistido a una de ellas para comprender. Nunca había escuchado recitar de ese modo. No es el rapsoda de toda la vida, ni la tediosa lectura de un Alberti, es la poesía en marcha, la épica de verdad, el auditorio estupefacto, el auditorio culto y el de pocas lecturas y nula oreja. Escuchado, sorprende que Lizano no sea tremendamente popular, firmante de contratos millonarios en televisión, porque es un comunicador de primerísima línea con una voz cálida y poderosísima. Por aquí debería quejarse a ese mundo del espectáculo, del negocio de las letras. El Lizano que inicia su teorización del anarquismo, no ya poético, sino sociológico, vital. El Lizano que a veces huele a muerte, a fin de trayecto.

Estas cartas son a primera lectura como unos medievales denuestos del agua y del vino, la amarga protesta de quien se cree autor de un corpus poético relevante que sin embargo duerme acunado por el olvido. De esa desazón derivan afirmaciones y comentarios desperdigados por las Cartas que no me parecen lo mejor ni lo esencial de las mismas. En realidad qué más da si una concreta editorial no cuenta con Lizano, o si tal crítico no se digna comentar en su columna crítica la poesía lizaniana, o si otro ironiza sobre la vanidad de nuestro poeta, o si un periódico por medio de una desconocida polilla lo carcome sin piedad, o si un filósofo se mostró superficial en su valoración. Escopeteos de las guerrillas literarias y reyertas críticas, más referidas al personaje que a la obra poética.

Lizano se siente marginado. En su primera carta (“Desde mi cautiverio y desde mi libertad, junio de 1981”) intenta exponer algunas condiciones objetivas que explicarían su abandono: ni se identificaba con el régimen político de Franco ni con la poesía social de sus contrarios, no ha asumido las tesis burguesas que imperan en la poesía, no se ha molestado en cuidar la propia imagen (“el hombre es el nombre y, en cambio, para mí, el hombre es la obra”). Se queja, ¿goza con su marginación?. Retumba el odi et amo de Catulo.

Qué mas da compañero Lizano si una u otra máquina del negocio editorial cuentan o no contigo. Si te hacen caso, te habrás metido en ese engranaje, te sacarán en televisión, ordenarán a sus críticos que te loen como si de una lavadora se tratara, te harán decir lo que nunca dirías. ¿Serás más? Con todo, comprendo tu malestar porque deriva de una sentencia dictada por jueces bellacos.

 Me gustan los arranques de furia de las Cartas, su contenido malestar. Me gusta lo que tienen de fuerza vital, de mantener férreamente su posiciones ante los poderes literarios (porque hay más de uno). Pero las ideas que expone y las soluciones que plantea son bocetos, esbozos, no obra acabada.

Pero con la queja como urdimbre hay más: retazos de su vida, trayectoria de su poesía, presupuestos estéticos, políticos e ideológicos que fluyen entreveradamente.

Por ejemplo. En las primeras cartas (quizás he leído o intuido mal) he olido la muerte. Lizano parece decirnos esta es mi obra, no hay más, juzgarla pronto porque yo ya estoy como el alcalaíno con el pie en el estribo. Parece estar agobiado por el paso del tiempo, parece sentir la muerte cercana y le duele constatar que su obra no está adecuadamente editada. Este sentido mortuorio desaparece en cartas posteriores, pero de vez en cuando resurge el dolor: ya tengo sesenta años y sigo siendo un desconocido, escribe en 1991.

La constatación de que durante el franquismo existió una doble dictadura en las artes: la franquista y la comunista (el repetido realismo social de tan magrísimos frutos). Y hay que clamar con Lizano contra esa doble dictadura, hay que reconocer que tiene toda la razón del mundo y hay que sospechar que esa doble denuncia puede estar en los entresijos del olvido de la obra lizaniana. Se rebela contra el poder literario, contra la literatura dirigida por unos y por otros, contra la liturgia de los conciliábulos deshonestos. Además, y esto duele, intuye que están asomando nuevos corifeos del poder.

Para mí la obra concluyente teórica son sus cinco páginas de abril de 2010 “¡Hola, compañeros!” que, creo, no casualmente, ya no tipifica como “carta al poder literario”. El lenguaje sigue siendo poético, pero los arranques de furia, el malestar contenido ceden ante el optimismo cósmico. Guillén y Kropotkin lo animan. Se olvida de los críticos, de las menundencias cotidianas, de los sinsabores. Ya han dejado de importarle los turbios poderes literarios. No en balde leemos “Mi patria es el mundo, mi familia la humanidad” fue la primera frase libertaria que me iluminó, que me abrió horizontes, que hizo posible que comenzara a ver lo humano desde nuestro denominador común”. Y hay que decir que Lizano extrae muchísimo jugo de esa frase, la frase que más enamora –y mejor define- a quienes por mucho que se enfríe el sol y templen los hielos, por mucho que corneen las cavernas localistas, siguen considerándose anarquistas.

Tanto su aventura poética (Lizania) como el pensamiento que nace de ella (el comunismo poético) resultan novedosos. Lo político adquiere categoría de humanismo y el comunismo poético implica una superación de lo que tiene el comunismo libertario de comunismo político, porque tanto el comunismo político como el religioso han demostrado que no pueden cambiar la estructura dominantes-dominados. El comunismo poético en cambio supone el intento de superar esa antinomia para alcanzar la plena evolución de nuestra especie, salir del mundo real salvaje para encaminarse al mundo real poético, hacia la acracia, coordinando en la estructura asamblearia lo natural, lo social y lo individual, superando el racionalismo y el irracionalismo.

A algunos les puede resultar duro que el anarquismo, como alternativa política, sea equiparado a otras tendencias ideológicas y por tanto que tampoco él sea camino adecuado para cambiar la estructura social, que tampoco el anarquismo (en la práctica por ejemplo de la guerra española) garantice el fin de las diferencias esenciales entre las personas. Intuyo, sin embargo, que lo que Lizano nos propone es que subrayemos la importancia de la vida interior, que sin un cambio interior, de cambio ético, de mutación de principios y comportamientos cotidianos, no es posible un cambio exterior. Que la posible revolución resultante de la desaparición de los actuales dominadores, no implica el fin de la explotación. No basta que cambien las circunstancias, no es suficiente con que el medio social sea modificado, no basta con que los actuales dominadores sean derrotados, no basta con una subversión de los principios socioeconómicos. Necesitamos una subversión de principios éticos.

Con todo considero que sí es para Lizano, el anarquismo la alternativa política, o para ser más precisos, sí es la alternativa. Sucede, más bien, que esa alternativa política se ha interpretado básicamente como anarcosindicalismo, se ha sindicalizado en exceso, se ha obrerizado en demasía. Se ha producido una exaltación, mitificación del obrero, del trabajador enfrentado al Capital y al Estado y de este modo se ha malinterpretado, trivializado, banalizado la esencia del anarquismo. Para el anarquismo el obrero debe desaparecer. El triunfo del obrero implica su desaparición como tal. Porque obrero no significa trabajador, sino trabajador en precario, sin puesto de trabajo garantizado. Por eso me gusta tanto la expresión lizaniana “compañeros socialmente”, con lo que de compartir el pan collleva y arrastra.

La acracia de comienzos del ya viejo siglo XX sin negar la importancia del naciente sindicalismo (entonces visto “como sociedades de resistencia) lo sentía insuficiente y multiplicó los Ateneos de Divulgación Social, los Centros de Estudios Sociales, Los Centros Instructivos Obreros, los Centros de Cultura Racional, que celebraban infinidad de lo que llamaban Veladas Sociológicas y Veladas Libertarias, actos multifacéticos: conferencias, recitados de poesías, coros musicales, representación de obras teatrales, controversias, con presencia de hombres, mujeres y niños. Así se creó una cultura sociológica, un amor por el conocimiento, hoy perdidos. Aquellos semianalfabetos desarrollaron un sentido de la solidaridad, una pasión por la sabiduría, un sentimiento de dignidad, hoy extraviados. Veían que el obrero necesitaba trabajo, pero también cultura, asueto, diversión. No eran sólo miembros del sindicato, no eran sólo asalariados. La extrema focalización en lo sindical, empobreció el significado profundo del anarquismo. Lizano arregla el desaguisado. Lizano des-politiza y des-sindicaliza el anarquismo. Le abre nuevos caminos y al mismo tiempo lo devuelve a sus orígenes.

 Su comunismo poético, su humanismo libertario implica también la conciencia de que además de la vida exterior tenemos la interior. La fusión de lo contemplativo y lo libertario es Lizania, o sea, vernos todos compañeros, lo que sólo es posible sabiéndonos todos únicos en nuestro pensar y sentir. Ni dominados ni dominadores, ni amos ni esclavos. Todos solidarios.

Se declara comunista. Término ambiguo sobre el que me voy a permitir una digresión ahora que nos arrasan con la memoria histórica. El franquismo con su famosa ley de represión de “la masonería y el comunismo” falsificó la realidad. Los comunistas de partido salieron beneficiados, propagandísticamente hablando, con la fraseología franquista. La decadencia anarquista ha ayudado lo suyo a que la falsificación de la realidad se convirtiera en tópico, falso tópico. Jesús Vicente Aguirre, en su libro sobre la represión en La Rioja constata, rara avis, la confusión, y discierne claramente: del millar de asesinados en La Rioja identificados ideológicamente, 400 (cuatrocientos) formaban en la CNT y 28 (veintiocho) en el PCE. Un tercio de los asesinados eran comunistas, sí, pero “comunistas libertarios”, no parientes de Stalin, no lectores del Manifiesto comunista, sino del folleto de Isaac Puente y de Solidaridad Obrera.

Para evitar nuevo saqueo, para impedir que a Lizano también non lo roben, me permito completar su declaración. Comunista, sí, pero Comunista libertario.

En eso estamos, Jesús.

Recortar en la Sanidad pública es recortarnos la vida

NUEVA DIRECCION

 

 

Paloma DE LA CALLE

A finales del pasado mes de marzo de este inolvidable 2011, usuarios/as y trabajadores/as de la Sanidad Pública Catalana asistimos estupefactos al anuncio televisado que nos informaba en boca del Consellerísimo de Sanitat (Sr Boi Ruiz) de que íbamos a ser atracados a mano armada, vilipendiados y ninguneados. Es decir, nuestra Sanidad Pública iba a ser 1º eliminada (cierres de camas hospitalarias, cierres de Unidades de Cuidados Intensivos, cierres de Quirófanos, cierres de servicios y disminución de otros; despidos de trabajadores/as del sector etc.) para posteriormente ser retomada desde intereses privados.

Le llamaron recortes, sin embargo, como bien hemos cantado en las calles estos 7 meses, todos y todas sabemos que son PRIVATIZACIONES.

Cabe reconocerle a CIU lo novedoso y maquiavélico de su plan privatizador, en Madrid por ejemplo la “Espe” se dedicó a inaugurar hospitales nuevos que nacieron ya con gestión privada, acompañándolo eso sí de un deterioro intencionado de la Sanidad Pública. CIU ha sido más práctico, los Convergentes han pensado que para qué construir hospitales nuevos si los que ya existen funcionan muy bien, disponen de unas instalaciones únicas y de una tecnología punta con la que difícilmente se puede competir desde la Sanidad Privada. Además, hacerlo requeriría de una fortísima inversión previa y la alta burguesía Catalana no está por arriesgar alegremente sus cuartos.

Así resulta que el populacho, nos encontramos de repente, que desde el Gobierno se ha decidido robarnos aquello que es nuestro, aquello que nos pertenece desde hace varias generaciones, pues esta Sanidad Pública que teníamos hasta ahora, ha sido construida y pagada con muchos litros de sudor e impuestos de muchas personas que a lo largo de sus vidas no han hecho más que trabajar y pagar. Asistimos pues a la expropiación de nuestra Sanidad Pública.

Pero esta no es la totalidad del plan “renove” que para la Sanidad Pública tienen los Convergentes. Todos y todas seguro que hemos visto diversas declaraciones televisivas del Sr. Boi Ruiz (el Consellerísimo) en las que exponía los dos pilares en los que se basa su plan para el futuro Sanitario Catalán:

  • En primer lugar el Sr Boi Ruiz (procedente de la patronal de la Sanidad privada) declara: “Una mutua privada es una solución para el sistema de salud público” y promete ventajas fiscales para aquellos ciudadanos que adquieran un contrato con alguna de ellas.
  • En segundo lugar se declara como un firme defensor del copago, que su gobierno piensa aplicar posteriormente a reducir el gasto sanitario, es decir, después de los Recortes Sanitarios que se están llevando a cabo.

No hace falta ser una gran visionaria para augurar que dicho plan esconde un Sistema Sanitario Público que con el tiempo va a provocar sobre la población una Eugenesia por nivel Económico, es decir, aquellos y aquellas que disponemos de menos recursos económicos, tendremos más dificultad para acceder al sistema Sanitario tanto público como privado, y por tanto estaremos más enfermos y enfermas, e inevitablemente ocuparemos en mayoría las estadísticas de mortalidad.

Sí, lo que estoy diciendo es que los ricos y ricas tendrán un derecho a la vida del que los y las pobres no gozaremos. Pero esto los Convergentes lo saben muy bien pues forman parte de los grupos económicos dominantes, aquellos que bajo intereses única y exclusivamente económicos, dirigen todos los aspectos de nuestras vidas. Aquellos que tienen claro que van a seguir manteniendo sus ganancias a costa de nuestras vidas si el guión lo exige.

En estos tiempos en los que el sistema productivo ya no es capaz de asimilar a los 5 millones de parados y paradas en el caso del estado español, la conclusión es que sobra gente, y evidentemente la gente que sobra es aquella que ahora en los momentos bajos del capitalismo, al estado le supone gasto.

Como colofón del glorioso rosario de declaraciones con las que el Sr. Boi Ruiz nos ha sorprendido a lo largo de este año, cabe hacer mención a aquella con la que logró erizar los pelos de “Amnistía Internacional”  en la que se expresaba así: “La Sanidad depende de uno mismo, no del Estado”.

Para aquellos y aquellas que “creen” en esta mal llamada “Democracia” y que por tanto entienden como sagrada su biblia “La Constitución Española” paso a citarles aquello que se recoge en la misma referente a la Salud Pública para con ello aumentar su indignación:

  1. Se reconoce el derecho a la protección de la Salud.
  2. Compete a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios. La ley establecerá los derechos y deberes de todos al respecto.
  3. Los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte. Asimismo facilitarán la adecuada utilización del ocio.

De nuevo asistimos a un capítulo de cinismo institucionalizado, un chorrito nuevo de orina gubernamental cae sobre su democracia, demostrando lo relativa que es la Biblia Constitucional, y lo sencillo que resulta para los de arriba pasársela por el Arco del triunfo cuando conviene.

Traduciendo todo este maquiavélico plan en cómo el mismo afecta a los ciudadanos y ciudadanas en sus necesidades sanitarias se puede resumir en:

  • Aumento de las listas de espera tanto de enfermedades leves como de las graves: En el Hospital de Bellvitge desde que se han iniciado los recortes ha aumentado a dos meses el plazo para intervenir situaciones oncológicas; intervenciones que deben realizarse en un plazo inferior a un mes, se están prolongando hasta dos meses y se prevé que estos tiempos se alarguen.
  • Aumento de las horas de espera cuando se acude a Urgencias de un Hospital.
  • Aumento de la distancia (en Km) que se debe recorrer para acceder a un ambulatorio dado que muchos de ellos han sido cerrados.
  • Deterioro de la calidad asistencial debido principalmente a que la falta de camas obliga a veces a saltarse ciertos protocolos concebidos en su momento para garantizar la prevención en cuestiones de contagios (Protocolo Marsa) como la correcta atención de cuestiones sociales de los pacientes. En el Hospital de Bellvitge durante los meses de verano se han mantenido cerradas 300 camas de Hospitalización. Pasado el periodo estival, la Dirección del Hospital decidió no volver a abrir alrededor de 100 camas (incluidas camas de UCI entre otras).
  • Aumento de las horas de espera para ser intervenido quirúrgicamente con carácter urgente de una enfermedad grave como por ejemplo el Infarto Cerebral (Accidente Vascular Cerebral) o los Politraumatismos (accidentados que presentan múltiples fracturas),  debido por un lado a que se han cerrado Quirófanos y por otro lado a que se ha reducido el número de Hospitales de referencia de patologías que requieren alta especialización. Concretando más: los Politraumatismos graves en los que es vital el tiempo en que se tarde en atender al enfermo y de ello depende la vida del paciente o la gravedad de las secuelas, han pasado de ser atendidos sólo en 6 centros, de 10 centros en los que se atendían hasta antes de los recortes, y se esperan nuevas reducciones. En Bellvitge uno de los Hospitales en los que se concentra la atención a esta especialidad, la unidad de Traumatología de este Hospital ha estado recortada desde el pasado 23 de Mayo en un 50% y con carácter definitivo como ya mencionamos anteriormente.

A todo ello hay que añadir que evidentemente esta situación crea un estado de angustia,  frustración y rabia en todos los trabajadores y trabajadores del sector que el usuario y usuaria de la Sanidad Pública pueden ver traducido en una menor eficiencia y eficacia de los y las profesionales, así como la merma de la paciencia de los mismos por ser estos además quienes tienen que estar dando explicaciones a diario de una situación desastrosa de la que no son culpables si no tan sólo víctimas.

Los trabajadores y trabajadoras sanitarios están trabajando en estos momentos bajo mucha presión, están siendo además maltratados, ninguneados y humillados por parte del Gobierno de CIU, tratándolos en estos momentos como una plaga que hay que eliminar. Hay que tener en cuenta que en el último año en sector de la sanidad ha pasado del pleno empleo a una tasa de paro que ronda el 30%, que se ha logrado tanto a base de disminuir las contrataciones de suplencias como la aplicación de ERES (estos últimos con la complicidad algunos de los Sindicatos mayoritarios).

Quienes se han ocupado de cuidar de las vidas de la población a lo largo de décadas desde un Sistema Sanitario Público siempre con unos salarios irrisorios, merecen como mínimo respeto y agradecimiento. Resulta un poco kamikaze crear sentimientos de rabia y frustración en aquellos y aquellas en los que cualquiera de nosotros y nosotras (también los gobernantes) pueden en un momento dado tener nuestra vida en sus manos.

La respuesta de la población sin embargo creo que no ha estado a la altura del ataque gubernamental. Desgraciadamente la velocidad de los recortes y de la destrucción de la Sanidad Pública catalana, es muy superior a la capacidad de lucha que Usuarios y Usuarias están dando y que aunque creciente está resultando ser insuficiente.

El pasado mes de abril, cuando se anunciaron los recortes en sanidad, fueron los trabajadores y trabajadoras del sector quienes tomaron las calles, numerosas movilizaciones masivas se sucedieron, algunas excepcionalmente como en el caso del Hospital de Bellvitge se han mantenido en el tiempo, siendo ya 36 las veces que se ha cortado la Gran Vía a la altura del mismo.

Otros Hospitales sin embargo se han movilizado mucho menos tiempo, y no se ha logrado lo que sí se ha logrado en el Hospital de Bellvitge en el que ahora los y las usuarios de la Sanidad Pública han tomado el relevo a los trabajadores y trabajadoras del centro, y son los protagonistas por excelencia de los cortes de Gran Vía que cada miércoles a las 13h se siguen realizando desde hace ya 8 meses.

Cierto es también que son muchos los CAPS ocupados por gente de avanzada edad, que a estas alturas de sus vidas después de haber cotizado y levantado con el sudor de su frente una Sanidad Pública que hasta hace bien poco era de las mejores del mundo, ahora cuando más la necesitan, se les niega. Ellos y ellas tratan de impedir a base de ocupaciones, que se les niegue lo que es de derecho: la atención sanitaria y por tanto, el derecho a la vida.

Todas estas luchas aunque han logrado aumentar el nivel de conciencia de la población no han logrado por el contrario parar la ofensiva del Gobierno de CIU, que sigue cual gallito de corral pavoneando y amenazando con nuevos recortes para el año 2012.

Nuestra lucha por tanto no está a la altura y debemos ahora concentrar nuestros esfuerzos en subir el nivel de la misma, y atacar en la línea de flotación. La fuerza del personal de la sanidad reside en que son necesarios y necesarias, no se puede prescindir de todos a la vez ni tan siquiera por unas horas. La fuerza de los usuarios y usuarias reside en su número. Teniendo en cuenta que la población catalana alcanza los 7,4 millones de habitantes, susceptibles todos de ser usuarios de la Sanidad Pública (los socios de las Mutuas privadas también, puesto que las coberturas sanitarias de estas son insuficientes), si a estos les restamos el millón de personas (por llamarles de alguna manera) que han votado en las pasadas elecciones a CIU, nos queda la nada despreciable cifra de 6,4 millones de habitantes.

Seis millones y medio de habitantes que deben despertar urgentemente, 6,4 millones de habitantes que deberían estar todos defendiendo CAPS y Hospitales semanalmente, y acudiendo a todas las movilizaciones que se llevan a cabo en defensa de la Sanidad Pública.

Sí, tú, y tú que estás leyendo estas líneas, tú que en estos momentos te estás ruborizando pues todavía no te has dignado a defender lo que es de todos. Tú, estás a tiempo. Tú tienes la solución en tus manos, recupera tu dignidad y reacciona. Mañana posiblemente sea tarde, mañana quizás te cueste la vida.

El 15M y la tradición libertaria

NUEVA DIRECCION

 

Tomás Ibáñez

Más allá de nuestras simpatías, de nuestras reticencias o simplemente de nuestra ambivalencia hacia el movimiento del 15M dos hechos parecen incontrovertibles.

El primero es que la irrupción del 15M, irrupción cuya intensidad nadie podía prever a pesar de que ya se habían manifestado algunos signos precursores, ha marcado de forma nítida un antes y un después en el escenario de las protestas y de la conflictividad colectiva. Para convencerse de ello basta con comparar el eco encontrado por las convocatorias lanzadas estos últimos años al margen de las grandes organizaciones sindicales o políticas, con el multitudinario y sorprendente éxito de participación que ha acompañado sus convocatorias. Es obvio que antes de la aparición del 15M se habría tachado de totalmente insensato a cualquiera que hubiese pronosticado una asistencia de más de cien mil personas el 15 de octubre en las calles de Barcelona.

En un plano cualitativo la valoración es sin duda más discutible y depende en gran medida de nuestra actitud hacia el 15M. Sin embargo, creo que es razonable  afirmar que  la movilización iniciada el 15 de mayo no se ha limitado a acrecentar de forma considerable el número de personas dispuestas a ocupar las calles, sino que ha engendrado un movimiento social novedoso e innovador. Un movimiento que será muy probablemente efímero si tomamos como criterio su particular configuración actual, pero que se perfila como un fenómeno de larga duración si nos remitimos a sus rasgos más fundamentales.

El segundo hecho,  que se impone con claridad a cualquier observador,  es el carácter extraordinariamente heterogéneo del 15M. Esta heterogeneidad, que ha sido fuente de un sinfín de contradicciones y de tensiones internas, era inevitable en la medida en que las decenas de miles de personas que confluyeron repentinamente en las calles pertenecían a muy diversas condiciones sociales, eran portadoras de distintas sensibilidades políticas, y  carecían de un bagaje compartido de experiencias de lucha. Así mismo, la gran diversidad de los factores económicos, sociales y políticos negativos que saturan la coyuntura actual, y que sin duda han propiciado las inesperadas cifras de participación, constituye otro de los elementos que explican esta heterogeneidad.

La conjunción de su carácter multitudinario y de su heterogeneidad constitutiva dejaba presagiar que el 15M plantearía un mosaico de reivindicaciones dispares y concretas, pero que su orientación general se inclinaría hacia la moderación. Insurrección contra las insuficiencias, las desviaciones, los abusos y las disfunciones del sistema más que contra el propio sistema. Exigencia de rectificaciones y de mejoramientos más que de una transformación radical. Mayor justicia social, mejores cauces de participación política, mayor transparencia y menor corrupción, viviendas más asequibles, mayor control de las entidades financieras, mantenimiento de los servicios públicos y de los derechos sociales… etc., el mapa configurado por estos aspectos explica que  se haya llegado a considerar, no sin cierta razón, que el 15M no era sino la manifestación de las frustraciones y de las decepciones de las clases medias ante unas expectativas que se veían truncadas por la crisis y frente a unas promesas de promoción social y de bienestar que el sistema estaba incumpliendo de forma creciente. En definitiva, cabreo y protesta de los ciudadanos ante el maltrato al que se sienten sometidos por parte de las instituciones y de los poderes fácticos, más que rebelión de los excluidos, marginados y explotados, movimiento ciudadanista más que insurgencia de quienes no aceptan el sistema ni se conforman con reformarlo. 

Y aquí se manifiesta ya una primera diferencia radical con los planteamientos libertarios puesto que estos últimos son claramente inseparables de la voluntad de impulsar una subversión radical del sistema social existente por considerarlo totalmente incompatible con la consecución de la libertad entre iguales. No cabe la más mínima  duda, si se considera sus contenidos reivindicativos y  sus objetivos generales, el 15M dista enormemente de asemejarse a un movimiento de orientación libertaria. Es más, si no fuese porque padecen directamente o de forma muy cercana los efectos de “la crisis”, buena parte de sus integrantes no tendrían nada que objetar, o muy poco, en contra del vigente sistema social.

Sin embargo, todo cambia cuando dirigimos la mirada hacia las formas organizativas y hacia las prácticas de lucha que ha desarrollado el 15M, porque aquí sí que se evidencian amplias resonancias con los principios libertarios. Horizontalidad, asambleísmo, rechazo de los funcionamientos jerárquicos, ausencia de instancias centrales, búsqueda del consenso en las decisiones, libre circulación de la palabra, rotación de las responsabilidades, autogestión de las tareas y de los recursos, acción directa…etc. No cabe, aquí tampoco, duda alguna, el 15M es profundamente libertario en su praxis y en los principios sobre los que esta descansa.

Sin embargo, el hecho de que el 15M desarrolle, en cuanto a sus formas de hacer, unas prácticas que se asemejan a las que caracterizan al movimiento libertario no debe inducir a confusión.  El 15M no se reivindica de una tradición política ya existente, ni se identifica con ninguna de ellas. Se trata de un movimiento que pretende crear su propio marco de referencia y construir paso a paso su propia tradición.

Aquí aparece por lo tanto una segunda diferencia radical con los planteamientos libertarios puesto que estos reenvían lógicamente a una tradición política bien precisa,  se definen en referencia a esa tradición, y adquieren sentido en su seno. El hecho de  que el 15M no sitúe sus señas de identidad en ninguna tradición política concreta, y sea incluso reacio a hacerlo, presenta, por supuesto, inconvenientes y ventajas. Inconvenientes porque se corre entonces el riesgo de desperdiciar energías para volver a inventar lo que ya está inventado, y también de repetir errores que ya se cometieron. Pero también presenta ventajas porque permite desprenderse de inercias que dificultan la libre experimentación, y por lo tanto la innovación, permite prescindir de esquemas preestablecidos que siempre condicionan la mirada, y libera de unas herencias históricas que alimentan provechosamente los discursos emancipadores pero que también los hipotecan y los esterilizan.

Escasamente libertario tanto en cuanto a sus reivindicaciones explicitas como a sus objetivos generales, bastante libertario, sin embargo, desde el punto de vista de sus prácticas, pero sin asumir como propia  la tradición libertaria…. es obvio que el 15M desafía los esquemas de análisis habituales y no se deja descifrar fácilmente a partir de las categorías al uso. Lo más pertinente consiste pues en dejar de considerarlo a partir de cualquier  referencia a la tradición libertaria, renunciar a escrutarlo en busca de similitudes y de diferencias con esa tradición, y dejar de evaluarlo en función de si constituye una prolongación, una nueva manifestación, o un resurgir, de esa tradición. El 15M no reproduce elementos de la tradición libertaria, se trata de un fenómeno original, propio de las condiciones socio políticas de los inicios del siglo XXI, y su eventual capacidad para crear algo que resulte novedoso proviene precisamente de su arraigo en esas condiciones especificas.

La originalidad del 15M consiste en que se trata de un acontecimiento, en el pleno sentido de la palabra, que introduce en el escenario político novedades cargadas de una incuestionable radicalidad política que contrasta curiosamente con la ausencia de radicalidad de sus reivindicaciones explicitas. Entenderemos mejor lo que pretendo decir si esbozamos las diferencias entre las movilizaciones del movimiento del 15M y las anteriores grandes movilizaciones, como por ejemplo las que se llevaron a cabo contra la guerra de Irak, y si, a la inversa, pensamos en las similitudes con lo que aconteció en Francia en Mayo del 68. En las anteriores movilizaciones la gente se lanzaba a la calle para expresar su protesta contra tal o cual decisión o actuación que consideraba inaceptable, se trataba antes que nada de visibilizar el desacuerdo, de expresarse colectivamente  y, en el mejor de los casos, de forzar un cambio en las decisiones o en las actuaciones que se cuestionaban. La movilización tenía pues una doble función,  expresiva por una parte e instrumental por otra, y toda ella se agotaba en el motivo concreto que la había desencadenado y en las dos funciones que cumplía.

Lo que ha ocurrido con el 15M es algo bien distinto. Aunque el punto de partida fuese la habitual concentración popular para expresar una protesta y plantear una exigencia, muy pronto esto se transformó en un fenómeno diferente. Las miles de personas que invadían las calles y las plazas no lo hacían solamente para “manifestarse” contra aquello o a favor de esto, sino que lo hacían también para “instituirse”, o más exactamente, para “auto-instituirse” como “sujeto de un procesos político”. Y ese es un proceso bastante parecido, salvando todas las distancias, a lo que ocurrió en Francia en Mayo del 68.

Ese proceso de auto-institución ha requerido que la gente se organice, debata, elabore colectivamente un discurso político propio, y construya en común los elementos necesarios para posibilitar el mantenimiento de la movilización y el desarrollo de la acción política.

La importancia que adquirió en el seno del movimiento el rechazo de la representación (el famoso « no nos representan », claro,  pero acompañado además por la  negativa a ser representados por instancias permanentes: “nadie puede arrogarse el derecho de representarnos”…) indica cual fue la novedad que introdujo el movimiento en el tablero político convencional. En efecto, se producía una ruptura radical con las prácticas que consistían en responder a unas agendas elaboradas externamente,  es decir por otros que por las personas efectivamente movilizadas. En las plazas públicas, desviadas de sus usos convencionales y autorizados, la imaginación se puso a trabajar para crear espacios, construir condiciones, y elaborar procedimientos que permitiesen a la gente elaborar por si mima y colectivamente su propia agenda, al margen de las agendas ideológicas pre establecidas e importadas.

A partir del momento en que el rechazo de la representación se constituyó como principio activo de la acción del 15M los únicos discursos, los únicos compromisos que se reconocían y que se asumían  como  legítimos eran los que provenían del interior mismo del movimiento, los que se engendraban en su seno. Solo se aceptaba lo que el movimiento producía por sí mismo, de manera autónoma, siguiendo las reglas del libre debate en un marco no jerárquico.

Hoy, ante lo azaroso que resulta predecir la evolución del 15M algunos de los que se muestran fuertemente críticos con el movimiento porque no reproduce claramente los contenidos libertarios y porque carece de ímpetu revolucionario, se curan en salud y sugieren que debemos conceder, sin embargo, un margen de confianza al 15M y esperar un tiempo para  ver si corrige su trayectoria, si cambia de rumbo y si  evoluciona finalmente en la buena dirección. Este tipo de análisis crítico que supedita el valor del movimiento a lo que este pueda llegar a ser en el futuro, y al grado en que se asemejará a lo que tipificamos como un movimiento revolucionario y libertario,  evidencia la dificultad que encontramos para desprendernos de nuestros esquemas preestablecidos, percibir la realidad sin nuestras anteojeras políticas, y para captar lo novedoso.

En efecto, si el 15M merece nuestra consideración no es en función de lo que alcanzará a ser en un futuro más o menos lejano,  sino en razón de lo que ya ha realizado en el presente. La irrupción del 15M en las plazas públicas representa un hito de un alcance extraordinario independientemente de cual pueda ser su desarrollo  y su itinerario  posterior. Obviamente, nadie puede predecir cuál será el futuro del 15M, pero su valor no depende del camino que recorrerá ni de la meta que alcanzará sino que radica en aquello que su andadura actual ya ha proporcionado. Y lo que esta andadura ya ha dado de sí es de un alcance valiosísimo, no solo, que ya es mucho, porque el 15M ha provocado en el imaginario político una profunda brecha que socava el principio ideológico de la representación, y que hace recaer en las personas movilizadas todas las decisiones relativas a lo que hay que hacer y cómo hay que hacerlo. Sino también porque ha creado las condiciones para que se forme, sobre el terreno y bregando con las exigencias y con las prácticas reales de la auto organización y de la autogestión, una nueva generación de activistas y de espíritus críticos que aún están librando sus primeras escaramuzas pero que parecen querer cultivar durante largo tiempo el ferviente deseo y el fuerte compromiso de no dar tregua al sistema y de hostigarlo sin descanso.

En conclusión, si bien es cierto que el 15M transcurre por unos cauces que son independientes de aquellos por los que transcurre el movimiento libertario y reviste unas características que no provienen de ese movimiento, no deja de ser cierto que se inscribe en una tendencia histórica general de la que también forma parte la tradición libertaria. Si algo caracteriza profundamente al 15M es su férrea voluntad de autonomía, una  reivindicación generalizada de autonomía y de autodeterminación que le conmina a fijar sus propios objetivos y a determinas sus propias formas de ser, así como a rechazar  la dominación, a  no dejarse tutelar por ninguna instancia externa, y a decidir y actuar por sí mismo. El hecho de que el 15M enarbole estos valores y estos principios evidencia, por una parte, que estos no son patrimonio exclusivo de la tradición libertaria, e indica al mismo tiempo el parentesco ideológico que  aúna entre sí al 15M y a la tradición libertaria.

Creo que queda bastante claro que, desde la postura que expreso, lo peor que le podría pasar al 15M y al propio porvenir del antagonismo social sería que el 15M se dejase tutelar por el movimiento libertario, globalmente o por cualquier de sus variantes, o que asumiese como propio los principios y finalidades del movimiento libertario. Cuando digo “lo peor”, hay que entender, claro está, exceptuando la nefasta pero muy seria posibilidad de que acabe siendo tutelado por  algún partido de izquierda, por formaciones de extrema izquierda o por grupos nacionalistas. Hecha esta matización, si en algo puede contribuir el 15M al desarrollo de la tendencia histórica de lucha contra la dominación en la que se inscribe la tradición libertaria es con la condición de que camine con independencia de cualquier mimetismo respecto de esa tradición.

Publicado en noviembre 2011.

Juzgar a los culpables de la crisis

NUEVA DIRECCIÓN

 

La revolución en Islandia ha llevado ante los tribunales de Justicia a los culpables de la crisis económica del país. Salvo por esta honrosa excepción, los protagonistas de esta monumental estafa a la que seguimos llamando "crisis" no sólo se van saliendo con la suya, sino que amenazan con quedarse con todo lo que aún no han robado.

Los Juicios de Núremberg fueron el colofón de la Segunda Guerra Mundial. Se hicieron sobre una base jurídica incierta. No había precedentes ni, por tanto, jurisprudencia en que fundamentarse. Para improvisar un marco jurídico se elaboró la Carta de Londres o Estatuto de Londres del Tribunal Militar Internacional, documento firmado el 8 de agosto de 1945 –el mismo día en que acabó la guerra– por las potencias vencedoras: Francia, Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Soviética. En este documento se fijaron tanto los principios como el procedimiento por los que se iban a regir los procesos.

Muchos juristas cuestionaron lo que se estaba haciendo. Otros lo consideraron un simple acto de venganza. Y muchos, con poderosas razones a su favor, plantearon objeciones de mucho peso. ¿Qué autoridad moral tenían sobre los nazis los que lanzaron las bombas atómicas sobre Japón? ¿Quién era Stalin para juzgar crímenes contra la humanidad? ¿Por qué condenaron a Hitler los que acabaron adoptando a Franco como amigo y aliado? La lista de preguntas sería tan interminable como imposible de responder.

Pero, pasadas ya más de seis décadas, lo único relevante es que, con todas las incongruencias que se quieran señalar, se estableció que determinados crímenes no podían quedar impunes, y eso abrió un camino que nos ha llevado al desarrollo de una jurisprudencia internacional que tipifica crímenes contra la humanidad, genocidio, guerras de agresión, etc. Ciertamente con las mismas incongruencias que se le pueden seguir achacando a los procesos de Núremberg, pero que ha permitido juzgar a algunos canallas, posiblemente asustar a otros y quién sabe si disuadir a alguno de persistir en su criminalidad.

Algunos, sin duda con mucho menos peso e influencia que las cuatro potencias vencedoras de 1945, han apuntado la posibilidad y la pertinencia de juzgar a los culpables de la crisis económica en que estamos sumidos. Por muy utópico que nos pueda sonar esta idea, hay que reconocer que existe mucha más base jurídica nacional e internacional para juzgar a los chorizos que han generado esta crisis que la que existía en 1945 para enjuiciar a los capitostes del régimen nazi; y en cuanto a la gravedad de sus delitos, por muy difícil que resulte establecer comparaciones con Auschwitz, si sumamos todo el sufrimiento causado hasta la fecha a millones de personas en todo el mundo y las consecuencias –hoy incalculables– que todo ello tendrá para el futuro, no puede considerarse ninguna exageración considerar esta crisis como un crimen contra la humanidad.

Hasta ahora no ha habido más que unos pocos procesos, nada si lo comparamos con las inmensa estafa que hemos sufrido y con la inmensidad de los recursos que se han utilizado para "rescatar" a las entidades bancarias con dificultades, culpables de la estafa. En España no ha habido ninguno. Probablemente, de haberlo habido, el Gobierno, como es su costumbre, hubiera indultado a los posibles condenados. En este país los corruptos no suelen pasar por lo tribunales, más bien obtienen victorias electorales clamorosas.

Lamentablemente, lo que vamos viendo por el momento es que, lejos de juzgar a los culpables, lo que estamos haciendo es cargar colectivamente con la culpa. Es mucha la gente que se ha tragado el cuento de que todo esto es "culpa de todos", de tanto comprar pisos, de hipotecarnos, de consumir y de "vivir a lo loco". Este sentimiento de culpa no sé si va creciendo o decreciendo, pero resulta evidente que está muy presente en nuestra sociedad. Cuenta Ada Colau que una de las dificultades con las que se encuentran en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca es convencer a las personas que se enfrentan a un proceso de desahucio para que pongan resistencia: "Nosotros esperábamos encontrar a personas cabreadas con un sistema abierta y obscenamente injusto que sobreprotege a entidades financieras y deja a miles de personas en la calle, endeudadas y condenadas a la exclusión social de por vida. En cambio nos encontramos sobre todo con personas deprimidas, con fuertes sentimientos de culpa y fracaso personal".

Algo muy parecido ocurre con los parados de larga duración, que acaban pensando que la inutilidad de su búsqueda de empleo se debe a su incapacidad para realizar un trabajo que merezca una retribución. ¿Podría ser que este sentimiento de culpa generalizado lleve a millones de personas a votar a partidos que plantean como "única salida a la crisis" recortar gastos sociales? ¿Explicaría esto los buenos resultados de partidos como el PP o CiU en las últimas elecciones? Si así fuera podríamos llegar a la conclusión de que sufrimos colectivamente algo parecido a lo que padecen las mujeres víctimas de maltrato, que llegan a pensar que les pegan "porque han hecho algo malo". Posiblemente las personas que han votado a PP o CiU lo han hecho pensando que si "nos portamos bien", si nos apretamos el cinturón, si nos olvidamos de lujos imposibles como buenas escuelas o modernos hospitales, si en definitiva hacemos lo que mandan "los mercados" por boca de Merkel y Sarkozy, tal vez se apiaden de nosotros y nos perdonen la vida.  Y quién mejor que Rajoy, o Artur Mas, para aplicar esa medidas "desagradables pero necesarias". No es que Zapatero no viniera haciendo lo mismo, pero lo hacía a regañadientes, no parecía gozar con su cometido. De Rajoy, por el contrario, podemos estar seguros de disfrutará con sus tijeras como un cerdo en una charca.

Es por todo esto que reconforta que alguien, en medio de tanta idiotez de responsabilidad colectiva, proponga llevar ante un tribunal a los culpables de la crisis, a los que se forraron antes de la crisis, se siguen forrando –aún más– con la crisis, y que esperan quedárselo todo cuando acaben de convencernos de que, en el fondo, la culpa es nuestra. Y reconforta no tanto por la esperanza de ver a ciertos personajes en un banquillo, sino por la importancia del mensaje que emiten.

Los islandeses decidieron en su día que la culpa no era "de todos", que los culpables eran unos cuantos y que debían pagar por sus delitos. Así lograron tumbar al gobierno del conservador Geir H. Haarden –actualmente enjuiciado– y encarcelar a los responsables de la debacle económica del país. Y a base de manifestaciones y caceroladas, pacíficamente, hicieron una auténtica revolución de la se ha hablado muy poco, porque a los que deciden de qué se habla en el mundo les aterroriza pensar que ese ejemplo pueda extenderse. Pero el ejemplo sí puede extenderse, y el primer paso es afianzar la convicción de que los poderes financieros internacionales y los gobiernos que actúan bajo su dictado son los culpables y beneficiarios de lo que ocurre. 

Álvaro MILLÁN

El mobbing inmobiliario. Cuando la especulación se hace violencia

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